Uruapan, Michoacán, México

Auschwitz: el olor que no se va

Cómo una foto en casa de mi abuela me quitó la inocencia


Cuando estaba más morro no tenía ni puta idea de qué era el Holocausto. Aunque ya había escuchado esa palabra anteriormente, nunca me imaginé el horror que esconde. Hasta que un día, en casa de mi abuela, tomé por pura mamada de entre un chingo de libros que al parecer ya quería tirar, un ejemplar de pasta negra llamado Los hornos de Hitler. Al abrirlo en una página al azar, me topé con una imagen que a mis escasos 14 años me puso la sangre fría, me revolvió el estomago y pasaron días para que pudiera sacarla de mi mente. Se trataba de cientos de cadáveres apilados. Estaban tan delgados que parecían esqueletos con piel. En sus rostros todavía se reflejaba el dolor y el sufrimiento que vivieron esos seres humanos antes de ser gaseados y horneados por los nazis.

Cadáveres apilados de los prisioneros en espera de ser cremados.

Fotografía tomada de United States Holocaust Museum


El Holocausto es: el asesinato sistemático por la Alemania nazi de once millones de personas, en su mayoría judíos, entre el año 1933 - 1945 , debido al racismo, antisemitismo y el fanatismo del régimen nazi.

En ese momento sabía que no quería leer el libro, por que solo pensar en las fotos que me iba a encontrar me causaba repulsión, sin embargo, siempre que me proponía leer un libro nuevo pensaba en ese, hasta que un día ya con unos años más, decidí leerlo y quedé obsesionado con el tema del holocausto. Comencé a ver películas como: El Pianista, El tatuador de Auschwitz, La lista de Schindler, El niño de pijama de rayas, entre muchas más, así como reportajes, entrevistas a los sobrevivientes y me causaba tanto asombro como alguien había tenido la mente tan enferma para aniquilar a tantas personas de maneras tan despiadadas. Me prometí que algún día pisaría ese lugar, no por morbo, sino por que quería adentrarme en el entorno que tanto me había sorprendido, Hay demasiado que contar, pero voy a resumir lo más posible.

Anteriormente había tenido oportunidad en Budapest de ir al "monumento de los zapatos a la orilla del Danubio"(clic) un monumento en honor de los judíos que fueron fusilados y lanzados al río Danubio. Fue una experiencia diferente, el río aportaba cierto ambiente reflexivo y melancólico, pero quería más...

Viajé a Cracovia en Polonia, especialmente para visitar el campo de concentración y exterminio más grande que existió... " Auschwitz". Si no hubiera sabido las atrocidades que pasaron ahí, hubiera dicho que era un lugar bien chingón, casi como un lugar para vacacionar una larga temporada, sin embargo, se siente una sensación de escalofrío cruzar la puerta de entrada que tiene un letrero en alemán que dice "Arbeit Macht Frei" que significa “El trabajo les hará libres” una frase pendeja ya que irónicamente todo el que entraba ahí, no salía.

Área de ingreso de Auschwitz I con hermoso césped y vegetación, con un aspecto muy distinto a lo que un día fue. / Clic en la imagen para ver el video.


Puerta de entrada de Auschwitz I con un letrero en alemán que dice "Arbeit Macht Frei" que significa “El trabajo les hará libres” / Clic en la imagen para ver el video.

Caminando en un infierno que aún arde

Cabe mencionar que el complejo se compone de 3 secciones Auschwitz I (campo principal), Auschwitz II Birkenau (campo de exterminio) y Auschwitz III Monowitz (campo de trabajo). Llegué al primero en cierta forma emocionado por que no lo podía creer que estaba del otro lado del mundo viendo ese lugar en vivo y no detrás de una pantalla o en imágenes en un libro.

Recién crucé por esa infernal puerta de entrada y me topé con un edificio marcado como “bloque 24” nada más y nada menos que el edificio que funcionó como prostíbulo a manera de incentivo para los prisioneros “especiales” que colaboraban con los nazis informando a los oficiales sobre cualquier plan o acción rara que sus compañeros quisieran llevar a cabo, es decir eran chivatones los culeros, traicionándose entre mismos prisioneros, 200 mujeres sometidas de todas las edades a su entera disposición, es increíble lo que la pinche calentura puede hacer. Pero lo más culero apenas iba a comenzar.

Bloque 24 en Auschwitz I utilizado como prostíbulo para los prisioneros "especiales" que colaboraban con los agentes nazis. / Clic en la imagen para ver el video.


Pilares de hormigón y alambre que anteriormente estaba electrificado para evitar fugas de los prisioneros, al fondo una caseta de vigilancia. / Clic en la imagen para ver el video.


No todos los bloques se encuentran abiertos al público, por cuestiones de conservación, sin embargo, ya se tiene una ruta definida en la cual te vas a topar con el bloque 5. El más desgarrador de todos, detrás de cristales me quedé observando a detalle miles de zapatos que fueron usados por los prisioneros, pero los que más me dieron para abajo, fueron los zapatos de los morritos, no tendrían más de 3 o 4 años cuando los aniquilaron sin piedad. También vi las maletas en donde portaban sus pertenencias y que les quitaban al llegar a Auschwitz, las marcaban con su nombre y datos, pensando que en algún momento les serían devueltas.

Una pequeña fracción de los zapatos encontrados en Auschwitz, usados por los prisioneros. / Clic en la imagen para ver el video.


Pero no solo eran zapatos y maletas banda. Había montañas de prótesis . Piernas de madera, muletas, aparatos ortopédicos. Gente que llegaba cojeando, con esperanza de que los alemanes los iban a "reubicar" en el este. Llegaban con su pata de palo, con su bastón, y los hijos de puta los mandaban directo a la cámara de gas por inútiles. No servían para trabajar, así que no servían para vivir. También estaban los recipientes de comida . Ollas, cazuelas, platos de metal abollados. Los prisioneros los usaban para comer la pinche sopa aguada que era su única comida del día. Esos recipientes eran su única pertenencia dentro de Auschwitz, su único lujo.

Maletas de los prisioneros con sus datos, que les decomisaban al llegar a Auschwitz, les decían que pronto recuperarían sus pertenencias. / Clic en la imagen para ver el video.


Al llegar al Bloque 4, me topé con las latas de Zyklon B con el que aniquilaban a las personas en las cámaras de gas. Fabricado nada más y nada menos por un conjunto de compañías farmacéuticas a las que BAYERN pertenecía. Así nomás, como si fueran latas de atún, las traían los nazis, las abrían, y por unos agujeros en el techo de las cámaras de gas, vaciaban los gránulos azules. En minutos, 2,000 personas dejaban de respirar, ahí en las cámaras de gas se pueden ver en las paredes los rasguños y golpes que daban los prisioneros de la desesperación y sufrimiento, incluso un puto comandante loco llamado Rudolf Hoss, se puso una mascara anti gas y se metió a una cámara para ver como morían todos. El nivel de locura y perversión era inimaginable.

Prótesis decomisadas a los prisioneros que iban llegando a Auschwitz / Clic en la imagen para ver el video.


Recipientes en donde los prisioneros tomaban sus alimentos. / Clic en la imagen para ver el video.

Las cámaras de gas que no daban sopa caliente


Lo sorprendente de todo es como los nazis tenían todo tan estratégicamente calculado para que los prisioneros no se dieran cuenta de lo que realmente pasaba adentro, para empezar al momento de llevarlos a los campos de concentración desde diferentes puntos de Europa, les decían que era para reubicarlos en lugares en donde no estuvieran en peligro y que tendrían mejores condiciones. Al llegar en trenes al campo, los seleccionaban en filas poniendo de un lado a los jóvenes y fuertes que podían trabajar y mujeres, enfermos y niños del otro lado, después a estos últimos los engañaban diciéndoles que los llevarían a dar un baño para desinfectarlos y después les darían un plato de sopa caliente, pura chingada, entraban solitos y felices a las cámaras de gas sin saber lo que les esperaba.

Mujeres con niños camino a las cámaras de gas.

Mujeres y niños en camino a su destino final, las cámaras de gas / Fotografía tomada de United States Holocaust Museum


Una vez que todos estaban dentro, cerraban la puerta hermética. No era una regadera, del techo caían los gránulos azules del Zyklon B. Arriba, los SS con máscaras de gas abrían las latas y vaciaban el veneno por unos agujeros.
Los prisioneros empezaban a toser, se agarraban la garganta. El ácido cianhídrico les quemaba los pulmones. La gente se tiraba al suelo, rasguñaba las paredes, se pisoteaba entre ellos por un poco de aire. Los gritos sofocados por un camión encendido para que los demás no escucharan duraban unos minutos. Luego, silencio.

Después, abrían las puertas. El Sonderkommando, que eran otros prisioneros judíos obligados a hacer el trabajo sucio, entraban con trapos mojados en la cara para no intoxicarse. Sacaban los cuerpos. Les cortaban el pelo a las mujeres. Les arrancaban los dientes de oro. Todo para enviarlo a Alemania como material reciclable. Los cuerpos los echaban a los hornos crematorios. El humo subía por las chimeneas, día y noche, y apestaba a carne quemada.

Interior de la cámara de gas en donde miles de prisioneros fueron aniquilados con Zyklon B / Clic en la imagen para ver el video.


Latas vacías de zyklon B, el veneno utilizado para exterminar a los judíos en las cámaras de gas en Auschwitz

Latas vacías de Zyklon B, utilizado en las cámaras de gas.


Siempre he sido un tanto escéptico de muchas cosas y pensé que no iba a sentir nada estar dentro, pero una vez que entré a la cámara de gas sentí cierta sensación de incomodidad, no es que me dieran ganas de salir corriendo de ahí sino simplemente sentía como un ambiente pesado, húmedo, triste y claro no es para menos, estuve en el punto más crítico y extremo de ese lugar en donde se les salió el alma a cientos de miles de personas, sin embargo pensé que sería todo, pero como a los 5 minutos de salir comencé con nauseas que me duraron casi 40 minutos, la energía de ese lugar es otro pedo.

Birkenau

Lo primero que ves al llegar a Birkenau es una fachada de ladrillo. La famosa torre de vigilancia, la "Puerta de la Muerte". No es una puerta bonita como la de Auschwitz I con su letrero mentiroso. Es una estructura maciza, gris, con un pasaje en medio por donde pasaban por unas largas vías los trenes, cargados hasta la madre de gente, directo a la plataforma de selección.
Lo increíble, wey, no es solo la fachada. Es el pinche tamaño del lugar. La vista se pierde a la distancia. El complejo cubre alrededor de 171 hectáreas . Es casi 10 veces más grande que Auschwitz I. Hileras e hileras de barracones de ladrillo y madera hasta donde alcanza la vista. Más de 300 estructuras en total.

En este lugar se encontraba la mayor cantidad de cámaras de gas y crematorios, los cuales los nazis destruyeron para tratar según ellos, de ocultar lo que había pasado en ese lugar, sin embargo quedan los escombros de todo lo que derrumbaron. Suena a mamada, pero en el ambiente se percibe el famoso olor "dulzón putrefacto" que muchos sobrevivientes y soldados mencionaban en sus testimonios. Era el aroma de los cuerpos quemados, y es que hace más de 8 décadas que esto sucedió y parece imposible que aún desprenda ese aroma, pero hay una razón científica para eso, y es que las grasas y las cenizas que salían de las chimeneas de los miles de cuerpos cremados diariamente durante años, se impregnaron en árboles, suelo de tierra, edificios, lagos etc. y con la humedad y el calor se activan las partículas químicas y desprenden ese aroma repugnante que no he podido olvidar.

Rieles en donde los trenes llegaban diariamente a Auschwitz Birkenau con miles de judíos de todo Europa. / Clic en la imagen para ver el video.

Las barracas: donde 1,000 personas dormían en un espacio para 200 caballos


Seguramente tú estás leyendo este post tan perrón en tu casa, en tu camita bien a toda madre, en la sala echadote, en la oficina haciéndote pendejo cuando que deberías estar trabajando, o hasta en el 5 letras en lo que agarras fuerza, pero estas cómodo, a toda madre, en un lugar que huele a limpio, o por lo menos así debería de ser, pero esta pobre gente eran tratados peor que animales. Y es que originalmente las barracas en donde dormían eran establos para caballos, según los registros cabían 51 animales, después metieron a dormir ahí hasta a 1000 personas todos amontonados.

El espacio estaba dividido en 18 secciones. Las de la entrada para los prisioneros "funcionarios" (los que colaboraban con los nazis).  Literas de madera de tres niveles. No había colchones: dormían sobre tablas peladas o costales de papel rellenos con viruta de madera. Las mantas, sucias, rotas, llenas de piojos. En invierno el viento se colaba por las rendijas y los techos de cartón alquitranado goteaban formando charcos en los pisos de tierra que se mezclaban con desperdicios humanos creando una mezcolanza inimaginable.

Literas de ladrillo y madera en los bodegones en donde dormían hasta 1000 personas. / Clic en la imagen para ver el video.


Una sobreviviente llamada Zofia Stępień-Bator contó su primera noche. Llegó de noche, no veía nada, solo escuchaba voces en la oscuridad. El hedor a excremento y cuerpos sin lavar era tan insoportable que quiso salir corriendo. Una voz ronca le dijo: "No salgas o te van a matar". Era una mujer mayor que la envolvió y le dijo: "Ya sé que aquí huele mal, pero te acostumbrarás, y tú misma vas a apestar".

Al fondo se puede apreciar un vagón de tren original en donde transportaban a los prisioneros.


Banda SextoViajera, esto que les cuento es solo una migaja de lo que vi. Hay historias que no caben en un post, olores que no se borran con el tiempo, y un silencio que pesa más que todas las maletas abandonadas en esas vitrinas.

No se viaja solo para tomarnos fotos bonitas. Viajamos para abrir los ojos, para que nos duela un poco de menos al imaginarnos, para no hacer como los vecinos de Auschwitz que olían la carne quemada y decían "no sabía nada". La memoria no es un museo, es un pinche músculo que hay que ejercitar. Así que ya sabes: recuerda, cuenta, no te calles. Porque el día que nos dé igual esta historia, ese día habremos perdido la guerra.

No te pierdas el post de cuando visité en Berlín el "monumento a los judíos asesinados"  

Redacción: Jonathan J.N.

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Preguntas frecuentes sobre Auschwitz

¿Cuánto tiempo se necesita para visitar Auschwitz?

Lo recomendable es dedicar entre 4 y 6 horas para recorrer Auschwitz I y Auschwitz II Birkenau con calma. Si realizas una visita guiada oficial, el recorrido suele durar alrededor de 3.5 horas.



¿Es necesario reservar entradas para Auschwitz?

Sí. Especialmente entre abril y octubre las plazas suelen agotarse rápidamente. Mi recomendación es reservar con varios días o incluso semanas de anticipación.



¿Dónde comprar las entradas para Auschwitz?

Te recomiendo reservar directamente desde la página oficial del Memorial y Museo de Auschwitz-Birkenau para evitar intermediarios, ya que suelen cancelarles las entradas a última hora.

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¿Cuánto cuesta visitar Auschwitz?

A la fecha en que se escribió este artículo, la visita guiada oficial en Auschwitz tenía un costo aproximado de 140 zlotys polacos por persona, equivalentes a unos 38 dólares estadounidenses. También existen entradas gratuitas sin guía en horarios específicos, aunque suelen agotarse rápidamente. Te recomiendo consultar la disponibilidad y los precios actualizados directamente en la página oficial.



¿Se puede visitar Auschwitz sin guía?

Sí. El Memorial ofrece entradas gratuitas sin guía en determinados horarios. Sin embargo, una visita guiada permite comprender mucho mejor la historia, los edificios y el contexto de los acontecimientos que ocurrieron en el campo.



¿Cuál es la diferencia entre Auschwitz y Birkenau?

Auschwitz I fue el campo principal y administrativo del complejo. Auschwitz II Birkenau fue el principal centro de exterminio, donde se encontraban la mayoría de las cámaras de gas, crematorios y barracones que hoy pueden visitarse.



¿Todavía existen las cámaras de gas originales?

Sí. En Auschwitz I se conserva una cámara de gas original abierta al público. En Birkenau se pueden visitar las ruinas de los crematorios y cámaras de gas que fueron destruidos por los nazis antes de abandonar el campo.



¿Desde dónde se visita normalmente Auschwitz?

La mayoría de los viajeros visita Auschwitz desde Cracovia, ya que se encuentra a unos 70 kilómetros. Es posible llegar en tren, autobús, coche de alquiler o mediante excursiones organizadas.



¿Vale la pena visitar Auschwitz?

Sí. Más que una atracción turística, Auschwitz es uno de los lugares históricos más importantes del mundo para comprender el Holocausto y recordar las consecuencias del odio, el fanatismo y la intolerancia.