Uruapan, Michoacán, México

La Muerte da la hora: crónica insolente del reloj de Praga.

El Orloj de Praga: calaveras, apóstoles y antojos medievales


República Checa es como un sueño húmedo del que nunca quieres despertar, Praga huele a carbón mojado, a canela y a pecado suave. En la Plaza de la Ciudad Vieja el tiempo no pasa. El Reloj Astronómico de Praga—el Orloj, pa’ los cuates—se montó en 1410 y desde entonces marca horas, eclipses y antojos. Dicen (leyenda urbana con filo de hacha medieval) que al maestro que lo hizo le sacaron los ojos para que no pudiera replicarlo. Y sí, suena cruel, pero lo ves girar y entiendes por qué lo hicieron, talvez hasta le salió barato solo perder los ojos.

El show de la hora exacta: muerte, apóstoles y carteristas

A cada hora en punto, la banda se amontona como si regalaran boletos para ver a Karol G. Y sale la muerte, una calavera jalando su cuerdita como directora de orquesta infernal, mientras los apóstoles desfilan con cara de “tenemos 615 años sin vacaciones” y tu chillas porque viajaste en clase turista.  Aquí uno aprende rápido: agarré un buen lugar, unos 15 minutos antes de la hora, era eso o ver el show desde la nuca de un turista alemán. Eso sí, ponte vivo por que si bien Praga es muy seguro y no te van a asaltar, a veces algunos aprovechan el tumulto y la distracción del show para vaciarte los bolsillos sin que te des cuenta.  Yo, por si las dudas, me metí la cartera dentro de los calzones; no por miedo, sino por si la suerte me presentaba a una carterista checa con manos hábiles.
Reloj Astronómico de Praga (Orloj) en la torre del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja - el reloj medieval en funcionamiento más antiguo del mundo, instalado en 1410.

Trdelník, tentaciones y la Praga que huele a canela

Hablando de antojos: la placita huele a Trdelník, ese rollo dulce que te hipnotiza al dar vueltas y hace que claves la mirada, como cuando te quedas mirando girando los pollos rostizados, aunque los puristas digan que es “para turistas”. Y sí, es turístico, ¿y qué? Canela, azúcar, un poquito de humo y yo con cara de niño en feria emocionado esperando. Entre mordida y mordida, caminé por los callejones, rondando y descubriendo lugarcitos.
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Marihuana de primera: la Praga moderna que te sorprende

Y de pronto, la Praga moderna me dio un bofetadón: locales “legales” bro, que venden, como si fueran fuente de sodas, María, Mar y Juana, morisqueta, doña mary, mota pues (tú ya me entiendes). Gomitas, aceites, tés, chicles, galletas, paletas etc.  Son tantas las opciones que hasta tampones han de vender “para cuando lo que te fumas no pega con fuerza”. Yo nomás pasé y pensé, hasta para comprar esto estamos en primer mundo, no como los que se la compran a cualquier Brayan con ojos de fogata, en un callejón a media luz, con posibilidad de no salir de ahí. Leí etiquetas como si fueran cartas del tarot y seguí mi ruta, porque viajar también es mirar sin meterle a todo. Cada quien, con sus aventuras, pero acuérdate: respeta la ley local y tu propio sentido común.
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La Iglesia de Týn y el alma que espera en la ventana

No ocupe andar bien grifo para alucinar al ver la Iglesia de Nuestra Señora de Týn, ese edificio que parte el cielo con agujas negras. Tiene pinta de guardar vampiros elegantes que solo cazan turistas con tripie , hechiceros que ocultan la alquimia de Praga entre muros y quizá el alma de una mujer que, cada hora, asoma la cara a la ventana cuando suena el reloj, esperando un amor que se fue por el Puente de Carlos y nunca regresó. Praga hace eso: te arma historias que no viviste, pero juras haber soñado, Praga es un escenario sacado de una película de suspenso con neblina y luna llena, pero con escenas románticas.
Lo que me alegró aún más la noche después del espectáculo,  fue un Becherovka para quitarme el frio ya que la carterista nunca llegó, es un licor caneloso, clavosón con 20 hierbas y especias secretas, primo lejano del Jägermeister pero más güerito, se toma frio, pero te calienta hasta donde nunca te da el sol.
 
Iglesia de Nuestra Señora de Týn (Týnský chrám) en la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga - las dos torres góticas de 80 metros, apodadas 'Adán y Eva', dominando el horizonte con sus agujas de pináculos."

Tips:  
Spot ninja: ponte un poco de lado, no de frente. Ves a los apóstoles con un ojo y con el otro el gesto del público (media magia está en la reacción).
Sube a la torre: tejados anaranjados, skyline de cuento y paciencia para selfies.
Cartera y móvil: básicos al frente; power bank siempre (Praga te chupa batería como ex tóxica).
Después del show: callecitas laterales para café decente o bocadillos sin “precio de plaza”.

Lo chido y lo no tan chido del Reloj Astronómico

Lo chido:
El reloj astronómico de Praga es una máquina del tiempo viva: esfera astronómica arriba, calendario abajo, teatro en miniatura en cada hora.
La leyenda del maestro cegado le suma ese saborcito oscuro que Praga sabe servir en tarro frío.
Todo alrededor late: música, vitrinas, idioma mezclado y olor a Trdelník que te persigue.

Lo no tan chido
A la hora exacta hay codazos involuntarios y tripies suicidas. Respira, ríe, fluye.
Si llegas solamente al desfile, dura poquito. Quédate a entender la esfera: sol, luna, horas antiguas. Ahí está el chiste.

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Redacción: Jonathan J.N

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