Todos hemos estado enamorados alguna vez, no sé si eso es bueno o malo porque por lo regular nos va de la chingada, pero es una sensación que te sumerge en un estado de magia en donde los atardeceres se reciben suspirando, con una mezcla entre emoción, romanticismo y los misterios hermosos de la vida. Eso mismo se siente estar en Budapest, te va a seducir, te va a enamorar y a meterse en tu cabeza sin poderla olvidar jamás, pero nunca te va a engañar. Y aunque todo es hermoso, hay algo que no lo es “una parte de su historia”
Budapest desde la orilla del Danubio. El puente, el río y yo tratando de procesar tanta historia.
60 pares de zapatos y 20,000 almas: el memorial que el Danubio no se llevó
Budapest es una ciudad de contrastes. Por un lado, tienes los balnearios termales, el Parlamento que parece sacado de un cuento de hadas y las colinas de Buda con vistas de postal. Por el otro, tienes esto: zapatos de hierro oxidado, abandonados en el borde del río, como si sus dueños acabaran de lanzarse al agua a darse un refrescante baño en el Danubio, pero no fue así, los asesinaron.
Zapatos en la orilla del Danubio, esperando a alguien que nunca volvió
¿Qué diablos es este lugar?
A unos 300 metros al sur del Parlamento húngaro, hay un memorial que no necesita letreros gigantes ni estatuas mamalonas para partirte la madre emocionalmente. Son 60 pares de zapatos en la orilla del Danubio, todos de hierro fundido: botas de hombre, zapatos de mujer, zapatitos de niño. Todos apuntando hacia el agua.
En tres puntos hay placas de hierro con un texto en húngaro, inglés y hebreo que dice algo así como:
"A la memoria de las víctimas fusiladas en el Danubio por milicianos de la Cruz Flechada en 1944-45" .
Eso es todo. No hay museo, no hay audio guía. Solo zapatos. Y el río. Y el silencio.
En tres puntos hay placas de hierro con un texto en húngaro, inglés y hebreo que dice algo así como:
"A la memoria de las víctimas fusiladas en el Danubio por milicianos de la Cruz Flechada en 1944-45" .
Eso es todo. No hay museo, no hay audio guía. Solo zapatos. Y el río. Y el silencio.
La historia detrás del horror
Entre diciembre de 1944 y enero de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba en sus últimas etapas, Hungría estaba controlada por el Partido de la Cruz Flechada, unos hijos de la gran puta fascistas aliados de los nazis. Budapest tenía una de las comunidades judías más grandes de Europa, y para ellos, eso era un problema que había que "resolver".
Sacaron a miles de judíos del gueto de Budapest, los llevaron a la orilla del Danubio y los fusilaron. Pero antes de matarlos, les ordenaban quitarse los zapatos. ¿La razón? En tiempos de guerra, el calzado era un bien valioso. Los milicianos se los quedaban para usarlos o venderlos en el mercado negro.
Los cuerpos caían al río y la corriente se los llevaba. Sin tumba, sin kipá, sin un pinche "lo siento". Solo el Danubio helado llevándose los restos de unas 20,000 personas.
Sacaron a miles de judíos del gueto de Budapest, los llevaron a la orilla del Danubio y los fusilaron. Pero antes de matarlos, les ordenaban quitarse los zapatos. ¿La razón? En tiempos de guerra, el calzado era un bien valioso. Los milicianos se los quedaban para usarlos o venderlos en el mercado negro.
Los cuerpos caían al río y la corriente se los llevaba. Sin tumba, sin kipá, sin un pinche "lo siento". Solo el Danubio helado llevándose los restos de unas 20,000 personas.
60 pares de zapatos de hierro. Zapatos de hombre, mujer y niño. En la orilla del Danubio para siempre.
El día que fui hacia un frío de la súper chingada, imaginé el invierno del 44, la gente temblando de miedo, de frío y sin zapatos, con el Danubio como ultima imagen guardada en sus pupilas, y como a mí me gusta sumergirme tanto en la historia de los lugares que visito, miré el río y cerré los ojos esperando simbólicamente el disparo por la espalda.
Al abrir los ojos de nuevo, vi a un morrito con sus papás apuntando unos zapatitos de niño, no se ustedes, pero eso a mí me desarma. Ver los zapatos en la orilla del Danubio, es el mismo pinche nudo en la garganta que me dieron las plaquitas de bronce en las banquetas llamadas “Stolpersteine”. Sus dueños no están. Solo queda el recuerdo. En el río, zapatos de hierro. En la calle, nombres grabados. Budapest te agarra por donde menos te lo esperas y te recuerda que el pasado no se fue: nomás cambió de forma.
Zapatos al fondo, el río Danubio sigue corriendo, ellos ya no.
Ubicación y tips chingones
- Se encuentran en la orilla de Pest, entre el Puente de las Cadenas (Széchenyi Lánchíd) y el Parlamento húngaro. A unos 300 metros al sur del edificio del Parlamento. Ubicación en maps da clic aquí.
- Ve con respeto: No es un parque de diversiones. No te subas a los zapatos para la foto.
- Lleva algo para dejar: Una piedra, una flor, un listón, lo que sea. Verás que la gente deja ofrendas. Es parte de la experiencia.
- Ve al atardecer: al comenzar a caer la noche, las luces del Parlamento se reflejan en el río y el ambiente es aún más fuerte .
- Combínalo: Está a 5 minutos caminando del Parlamento, 10 de la Basílica de San Esteban y 15 del Puente de las Cadenas. Te armas una ruta histórica bien cabrona.
Redacción: Jonathan J.N.
