Uruapan, Michoacán, México

Isla Mujeres: rol caribeño en carrito de golf

Isla Mujeres, el lugar en donde amanece primero.

Desde que me subí al ferry en Cancún, ya traía la emoción al mil. Apenas empezó a internarse en ese azul cristalino, me cayó el madrazo de realidad: Esa mezcla de viento, agua salada y horizonte infinito es un golpe directo al alma; te sacude, te calla, y al mismo tiempo te prende como si te hubieran conectado directo a la corriente del Caribe.

Al llegar a Isla Mujeres, lo primero que hice fue rentar un carrito de golf por $1200 pesos. Y sí, puede sonar caro pa’ un carrito que ni corre, pero es la mejor manera y  el pase mágico para recorrer y conocer la isla a tu ritmo. Vas dando vueltas, frenando donde se te antoja, y de repente ya estás en medio de calles llenas de color, tiendas con artesanías y restaurantes que huelen a pescado frito recién salido de la sartén. A veces iba tan lento admirando todo que hasta me rebasó una señora caminando con su coquito en la mano, y lo peor es que me saludó como diciendo: “échale ganas, campeón”.

El primer lugar que me atrapó fue Playa Norte, que no tiene nada que envidiarle a ninguna postal gringa o europea. Arena blanca que deslumbra, palmeras de revista, y un mar que no se mueve más de lo necesario. Neta, Playa Norte es como una albercota, enorme y cristalina, donde puedes caminar metros y metros sin que el agua te pase de la cintura, chillé literal al estar tan adentrado en el mar y sentirme parte de esa inmensidad.  Ahí entendí por qué todo mundo llega directo a esta playa: porque es comodidad, belleza y fiesta, todo en un mismo punto.

De ahí seguí rodando y terminé en Punta Sur, el lugar más elevado de la isla, en este lugarcito es en donde pegan los primeros rayos del sol antes que en cualquier parte de México. Los acantilados golpeados por las olas tienen una vibra poderosa; las iguanas se adueñan de las rocas y te miran con cara de “aquí mandamos nosotras”. Entre el viento y las vistas, sentí como si la isla me estuviera contando secretos guardados desde hace siglos.

La tarde me agarró de regreso en el muelle, justo a tiempo para ver cómo el sol se despedía. El cielo se pintó de naranjas, rosas y violetas, y todo mundo se quedó en silencio, como si el atardecer fuera un espectáculo que no necesita aplausos. Los barcos iban llegando, las olas chocaban suave, y yo solo pensaba que esos momentos son los que te recuerdan lo bonito que es estar vivo.

Eso sí, aguas: el último ferry de regreso es a las 6 pm. Así que no te confíes, porque si no te toca improvisar una noche extra. Aunque bueno… siendo honestos, quedarse atrapado en Isla Mujeres no suena como un problema, más bien como un regalo del destino.

Lo chido


- La vibra caribeña: aquí todo fluye lento, sin prisas.
- Playas como Playa Norte, de las más bonitas del país y el mundo.
- Recorrer la isla en carrito de golf.
- El atardecer en el muelle: pura terapia gratis.


Lo gacho


- Los precios: todo está más caro que en Cancún, desde los carritos hasta la comida.
- El turismo masivo: en temporada alta parece desfile de gringos en chanclas.
- El horario del ferry: si no planeas bien, te corta el rollo y corres riesgo de quedarte varado.
 

Mejor fecha para ir a Isla Mujeres


De noviembre a abril. El clima es fresco, no llueve casi nada y el mar está perfecto para snorkel y nadar. Además, la isla no está tan llena como en verano.
Peor fecha para ir
De junio a septiembre. Lluvias, zargazo y temporada de huracanes que a veces cierra ferris o arruina planes.
 
Recomendaciones
- Lleva efectivo, para recuerditos, taxis, propinas etc.
- Renta el carrito de golf desde temprano, se acaban rápido.
- Ponte bloqueador sí o sí, aquí el sol no perdona.
- Planea el regreso: el último ferry es a las 6 pm.
- Si puedes, quédate una noche: el ambiente nocturno de la isla vale mucho la pena.
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