Uruapan, Michoacán, México

Roma en 3 días: Guía para no terminar llorando.

Es muy pinche curioso cómo la gente llega a Roma con su listita de 47 lugares "imperdibles" que vio en TikTok, y para el segundo día ya traen los pies como tamales de carne molida, hinchados y rojos, las rodillas les truenan más que chicharrón recién hecho suplicando misericordia y terminan odiando esa pizza que tanto querían probar porque ya no sienten ni las papilas gustativas del cansancio.

Esta guía de Roma en 3 días es para que no te pase eso. Tres días, lo justo, y sobre todo: tiempo para sentarte y entender por qué esta ciudad lleva 2,700 años tirando barrio. Si buscas qué hacer en Roma en 3 días sin morir en el intento, quédate aquí. Te cuento el itinerario en Roma perfecto, con paradas obligadas y tips perrones.

Día 1 en Roma: El Coliseo, Foro Romano y el día que te sientes gladiador.

Interior del Coliseo romano

El Coliseo Romano: Más viejo que tu abuela y más firme que tus ganas

Wey, el coliseo es un desmadre encantador, literalmente lo construyeron en el año 80 d.C. y todavía está ahí, firme, viendo pasar miles de turistas que se toman miles de fotos con sus selfie sticks o “palos para selfie” por si el inglés que te enseñaron en el bachi no da pa más. Bueno 50,000 personas cabían ahí adentro para ver peleas a muerte. ¡50,000! el estadio de tu ciudad (si es que tiene) no junta esa banda ni para la final.

El Coliseo de Roma no es solo una foto para Instagram, es el símbolo de un imperio que dominó el mundo sin necesidad de wifi. Aquí no solo mataban animales, mataban personas, mataban ideas, mataban lo que se atravesara. Y lo hacían con coreografía, con escenografía, con elevadores hidráulicos y trampas en el piso, todo lo que se les iba ocurriendo lo ponían. Cuando visites el Coliseo, no te quedes solo con la foto. Camina, toca sus piedras, piensa en los 50,000 espectadores que rugían mientras alguien peleaba por su vida, eso es lo impresionante. Por cierto, te preguntarás ¿en dónde luchaban los gladiadores? si solo se ven un chingo de ruinas al centro, pues bueno, la arena original ya no existe. Lo que ves en el centro son los restos del subsuelo (el hipogeo), que originalmente estaba cubierto por un piso de madera y arena. Ese piso se pudrió, lo quitaron, se quemó, valió verdura, y ahora ves lo que había debajo, en donde esperaban los gladiadores, y las fieras salvajes antes de su próxima pelea a muerte.

Tip pro: o consigues tus entradas con anticipación o te vas a quedar bailando con la más fea, osea no vas a entrar por que siempre esta hasta el tope. Esas te las vas a conseguir aquí.

Foro Romano y Monte Palatino: El centro del imperio

Vista del Foro Romano

A un lado del Coliseo está el Foro Romano, que básicamente era el centro comercial, político y de chismes del imperio. Hoy son ruinas, pero ruinas con actitud. Caminar aquí es como estar en el backstage de la historia: por aquí pasaron Julio César, Augusto, un chingo de senadores corruptos y gente que literalmente decidía el destino de Europa mientras hacían de sus necesidades en un hoyo, sin ningún pudor.

Parte de la vista desde Monte Palatino

El Monte Palatino te da la vista más chingona del Foro. Sube, respira, ve cómo la ciudad se extiende como si nada. Ahí abajo empezó todo. Arriba de ese cerro, Rómulo vio unos pájaros, dijo "aquí me aviento" y fundó Roma. O algo así cuenta la leyenda. Dedica la mañana a esta zona. El Coliseo, el Foro y el Palatino están juntos y la entrada combinada te da acceso a los tres. Llegas, recorres, te impresionas y sales a comer como todo un emperador.

Día 2 en Roma: El Vaticano, la Capilla Sixtina y el barrio donde los italianos sí son italianos.

Capilla sixtina, pinturas de Miguel Ángel

La Capilla Sixtina: Donde Miguel Ángel dijo "Pásenme el pincel que se me cayó”

Visitar el Vaticano en un día: Sí se puede, no te abrumes. Entrar aquí es raro. Estás en Italia pero ya no. Otro país, otro ejército, otro todo. Y adentro está una de las colecciones de arte más absurdas del planeta.

Si te has preguntado qué ver en el Vaticano, prepárate: los Museos Vaticanos son un laberinto de pasillos, estatuas, mapas, tapices y techos que te dejan el cuello chueco de tanto mirar arriba. Pero todo mundo camina con un solo objetivo: la Capilla Sixtina. Y cuando entras… pum. El techo de Miguel Ángel que refleja escenas del génesis, incluyendo la creación de Adán. Ese vato estuvo cuatro años pintando sin parar, prácticamente viviendo en un andamio, y al final dijo "ahí está, cabrones". Y sí, ahí está. Todavía.
No hables. No saques foto (te regañan bien feo). Solo siéntate en las bancas laterales, mira hacia arriba y déjate llevar. Eso es más valioso que cualquier selfie.

Basílica de San Pedro: La iglesia más grande del mundo

Basílica de San Pedro

La Basílica de San Pedro es otra cosa. Es enorme, es dorada, es exagerada. Todo es exagerado. La iglesia más grande del mundo, construida sobre la tumba de uno de los apóstoles originales de Jesús , con un baldaquino de Bernini que parece sacado de una película de fantasía. Según la tradición y doctrina de la Iglesia Católica, Pedro fue el primer Papa. Jesús lo nombró líder de la Iglesia al decirle "tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia" (Mateo 16:18)

Si te da energía, sube a la cúpula. Son 551 escalones. Vas a sufrir. Pero cuando llegues arriba y veas Roma completa, el río Tíber, las cúpulas, los techos rojos… se te olvida el cansancio, o talvez no, pero la vista está chida. Subir a la cúpula de San Pedro es de esas experiencias que no olvidas. El boletito cuesta como 8 euros y vale cada maldito peso.

Trastevere: El barrio más auténtico para cenar como italiano

Una tarde en Trastevere

Cruza el río Tíber en la tarde y llega a Trastevere. Esto es lo que buscas cuando dices "quiero conocer la Italia auténtica". Calles estrechas, edificios antiguos, ropa colgada en las ventanas, viejos sentados en las esquinas, restaurantes donde la pasta la hacen en el momento y el vino de la casa es más barato que un refresco. Aquí cenas. Te sientas afuera, pides lo que sea, ves pasar gente, escuchas italiano de verdad (gritos incluidos), y entiendes por qué todos quieren vivir en Italia.

Día 3 en Roma: Panteón, Fontana di Trevi y las plazas más bonitas

Panteón de Agripa

El Panteón de Roma: 1,900 años y sigue intacto

Esto sí que es un viaje. Un edificio de hace 1,900 años, con la cúpula de concreto no reforzado más grande del mundo, y un agujero en medio que sigue dejando entrar la lluvia.
Los romanos hacían cosas y decían "a ver, ¿esto va a durar?" y pues sí, duró. Adentro están enterrados Rafael y dos reyes de Italia. Pero lo impresionante no es eso. Es pararte en medio, mirar hacia arriba y pensar: estos cabrones no tenían grúas, no tenían computadoras, y lo hicieron perfecto.
Visitar el Panteón es gratis y rápido. No necesitas más de 20 minutos. Pero esos 20 minutos son de los mejores de tu viaje.

Fontana di Trevi: La fuente donde todos lanzan monedas (y esperanzas)

Fontana Di Trevi con la figura de Neptuno

Llegas y hay un chingo de gente. Siempre. No importa si llueve, si es enero o agosto, si son las 7 de la mañana o las 2 de la madrugada. Siempre hay gente.
La tradición dice: moneda con la mano derecha, lanzada sobre el hombro izquierdo, de espaldas a la fuente. Así aseguras que volverás a Roma. Ojo: si lanzas 2 monedas, encuentras amor italiano. Con 3, te casas.

La Fontana di Trevi es de esos lugares que odias por las multitudes pero amas porque, pues, es la pinche Fontana di Trevi. Ahora ya cobran 2 euros por visitarla durante el día o puedes esperar hasta las 10p.m. para que sea gratis, así que tómate fotos chingonas, tira tu moneda y sigue tu camino.


Piazza Navona: Arte, cafés y el desmadre controlado

Fuente de los cuatro ríos en Plaza Navona

¿Qué hacer en Piazza Navona? : Literalmente nada. Sentarte, ver, respirar. Eso es suficiente.
Esta plaza es un desmadre bonito. Larga, llena de artistas, cafeterías, la fuente de los cuatro ríos de Bernini y un chingo de turistas haciendo exactamente lo mismo que tú. Siéntate en una banca, cómprate un gelato y nada más mira. Eso es Roma: mirar.

Plaza de España y sus escaleras: El final perfecto

Vista frontal de la Escalinata de la Plaza de España en Roma al amanecer, con la Fuente de la Barcaza en primer plano y la iglesia de la Trinità dei Monti al fondo bajo un cielo rosado.

Escaleras en Plaza de España

Termina aquí. Las escaleras de la Plaza de España son famosas porque salieron en una película con Audrey Hepburn, pero también porque son un bendito oasis para sentarse cuando ya no das más.
Sube hasta arriba, ve cómo el sol se esconde detrás de las cúpulas, cómo la ciudad cambia de color, cómo la gente sigue pasando aunque tú ya estés fundido.

Roma en 3 días no es para verse toda. Es para morderle un pedazo y quedarte con ganas de más. No vas a verlo todo. Nadie lo ve todo. Ni los que viven ahí han visto todo. La ciudad es un organismo vivo que lleva casi 3 mil años creciendo, muriendo, resucitando, sobreponiéndose a invasiones, incendios, bombas y turistas. Pero en 3 días alcanzas para algo más importante: entender que Roma no se tacha de una lista por completo, se recuerda en silencio meses después, cuando estás en otro lado y de pronto te llega el olor a incienso del Vaticano o el ruido del agua en Trevi.
Y sí, vas a volver. No por la moneda. Vas a volver porque Roma no te suelta.

Consejos para viajar a Roma en 3 días

Compra boletos en línea. aquí para El Coliseo, y aquí para el Vaticano. Hazlo con anticipación, no querrás ir hasta roma y quedarte sin entrar.
El agua de las fuentes es gratis. Lleva tu botella y rellena. Es agua potable, bien fría y no te cuesta un euro.
En el Vaticano, cúbrete. Hombros y rodillas tapadas. Sí, aunque hagan 40 grados. No te dejan entrar y vas a llorar afuera.
No comas en las calles principales. Las mejores pastas están en callejones, donde no hay fotos en el menú y la nonna (abuela) está en la cocina.
Camina, camina y camina. Pero también siéntate. Cada banca, cada escalón, cada fuente es una oportunidad para ver Roma como se debe: con calma.

Redacción: Jonathan J.N.

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