Una vez que logré atravesar medio mundo para llegar a Japón, me di cuenta de que la mitad de mi presupuesto del viaje se había ido en los vuelos. Porque sí, volar a Japón es caro, pero una vez estando allá me sorprendí de lo barata que puede llegar a ser la tragadera, sobre todo si sabes dónde buscar.
Y ahí fue cuando descubrí, que comer barato en Japón es posible y no necesariamente estar soltando billetes a lo pendejo cada vez que te da hambre. También descubrí que se pasan de verdolaga en México con los precios de la comida, por que allá en el país nipón todo lo que comí estuvo casi a mitad de precio de lo que me hubiera costado en mi tercermundista pero amado país.
Y ahí fue cuando descubrí, que comer barato en Japón es posible y no necesariamente estar soltando billetes a lo pendejo cada vez que te da hambre. También descubrí que se pasan de verdolaga en México con los precios de la comida, por que allá en el país nipón todo lo que comí estuvo casi a mitad de precio de lo que me hubiera costado en mi tercermundista pero amado país.
Si bien es verdad que comí todo lo que se me antojó, desde comida hindú por error, porque no entendía ni puta madre los jeroglíficos que había afuera del restaurante, sushi, tentáculos de pulpo gigantes, hasta ramen de Ichiran, la cadena de ramen tonkotsu más famosa de Japón, también es cierto que varias veces me quise ahorrar una lanita, por que eso no le cae mal a nadie. Y aquí es donde entran los gloriosos konbini, que terminaron convirtiéndose en mis mejores aliados.
¿Qué son los konbini?
Las etiquetas japonesas de las bebidas. No entiendes nada, pero el diseño ya te convenció.
Los japoneses tienen una obsesión con hacer todo práctico y eficiente, y los konbini son probablemente una de las mejores pruebas de ello. Son como el hijo japonés que tendrían un minisúper, un banco, una farmacia y un restaurante si decidieran echarse un rapidín entre todos y tener un chamaco juntos. 😂
Y es que wey… ¿alguna vez has tenido un sueño en un lugar donde todo es raro, no entiendes ni madres, pero aun así sientes un alivio y una satisfacción casi adictiva de estar ahí? Pues bueno, entrar a un konbini es algo parecido. Es sentir que no eres de ahí, que no entiendes nada de lo que estás viendo, pero al mismo tiempo hay algo extrañamente familiar que te hace sentir que perteneces, como si hubieras entrado a un lugar al que, de alguna manera, ya habías pertenecido desde siempre, y del cual sales victorioso con tus productos en mano.
El FamilyMart de noche. Verde, azul y la luz que no se apaga nunca
Los tres grandes que te vas a encontrar hasta debajo de las piedras son 7-Eleven, FamilyMart y Lawson, aunque existen otras cadenas más pequeñas.
Japón duerme, pero el 7-Eleven no. El único testigo de la madrugada.
Y aquí viene lo cabrón: en un konbini no solamente vas a comprar comida. Puedes sacar efectivo, hacer pagos, imprimir documentos, comprar boletos, mandar o recoger paquetes y hasta recargar tu Suica; además, la propia Suica puede utilizarse para pagar tus compras en muchos konbini y otros establecimientos que acepten IC cards.
Uno de los Lawson´s más famosos de Japón por tener al fondo el monte Fuji.
¿Qué se puede comprar en un konbini?
Vamos a empezar por una de las cosas más prácticas, baratas y cabronamente japonesas que puedes comprar en un konbini para comer barato en Japón: los onigiris.
Onigiri, uno de los bocadillos más populares por su practicidad y precio.
¿Qué son los Onigiris? llenadores, baratos y bien pinches prácticos
Un onigiri es básicamente un triángulo de arroz compactado, normalmente relleno de alguna cosa y envuelto parcialmente en alga nori. Y aunque a primera vista parece una especie de tamal japonés al que le dio por hacer ejercicio, es una de las formas más prácticas de quitarte el hambre en Japón sin dejar media cartera en el intento.
Hay de un chingo de ingredientes, yo me encontré este de camarón con mayonesa por ¥218 (poquito más de 1 dólar), y obviamente no iba a dejar pasar la oportunidad de averiguar qué clase de mamada culinaria era esa. Lo chido es que el empaque está diseñado para que puedas sacar el alga y envolver el arroz sin hacer un desastre. Te aseguro que con 2 onigiris quedas satisfecho, talvez es lo más barato que vas a encontrar para comer a cualquier hora.
Hay de un chingo de ingredientes, yo me encontré este de camarón con mayonesa por ¥218 (poquito más de 1 dólar), y obviamente no iba a dejar pasar la oportunidad de averiguar qué clase de mamada culinaria era esa. Lo chido es que el empaque está diseñado para que puedas sacar el alga y envolver el arroz sin hacer un desastre. Te aseguro que con 2 onigiris quedas satisfecho, talvez es lo más barato que vas a encontrar para comer a cualquier hora.
Tamago sando: el sándwich de huevo japonés que todos quieren probar.
Tamago sando, el sandwich de huevo que todos quieren probar al llegar a Japón.
Si hay algo que se ha vuelto casi obligatorio cuando visitas Japón, es chingarte un tamago sando. Ese sándwich de huevo que seguramente ya viste en Instagram, TikTok o en alguna lista de “cosas que tienes que comer en Japón” y que hace que medio mundo llegue a un konbini buscándolo como si estuviera detrás de un tesoro.
A simple vista parece un sándwich de huevo y ya, pero precisamente ahí está el pedo: pan blanco absurdamente suave, huevo cremoso y una preparación sencilla que los japoneses se las arreglaron para convertir en objeto de culto.
Yo obviamente tampoco me iba a ir de Japón sin darle su respectiva mordida. ¥276 y a chingarle, porque todavía faltaba descubrir qué otras mamadas deliciosas escondían los konbini.
A simple vista parece un sándwich de huevo y ya, pero precisamente ahí está el pedo: pan blanco absurdamente suave, huevo cremoso y una preparación sencilla que los japoneses se las arreglaron para convertir en objeto de culto.
Yo obviamente tampoco me iba a ir de Japón sin darle su respectiva mordida. ¥276 y a chingarle, porque todavía faltaba descubrir qué otras mamadas deliciosas escondían los konbini.
Bento: cuando el hambre ya viene con presupuesto limitado
Y si lo que traes es hambre de verdad, de esa que ya te hace caminar viendo a la gente como si fueran nuggets, entonces hay que voltear a ver los bento.
Son esas charolas de comida preparada que encuentras en los konbini y que pueden traer arroz, carne, pollo, pescado, verduras, huevo y prácticamente todo lo necesario para resolver una comida completa sin tener que sentarte en un restaurante.
Y aquí es donde los “konbini” se vuelven convenientes: por unos cuantos cientos de yenes puedes salir con una comida bastante cabrona, lista para calentar y encajar los dientes. Yo me encontré este monstruo de pollo a la parrilla, albóndigas, carne molida y huevo por ¥554 (3 dólares aprox) que ya no parecía comida de tienda de conveniencia, sino un buffet japonés empacado. Lo calientas, buscas dónde sentarte y a chingarle. Japón 1 — hambre 0.
Son esas charolas de comida preparada que encuentras en los konbini y que pueden traer arroz, carne, pollo, pescado, verduras, huevo y prácticamente todo lo necesario para resolver una comida completa sin tener que sentarte en un restaurante.
Y aquí es donde los “konbini” se vuelven convenientes: por unos cuantos cientos de yenes puedes salir con una comida bastante cabrona, lista para calentar y encajar los dientes. Yo me encontré este monstruo de pollo a la parrilla, albóndigas, carne molida y huevo por ¥554 (3 dólares aprox) que ya no parecía comida de tienda de conveniencia, sino un buffet japonés empacado. Lo calientas, buscas dónde sentarte y a chingarle. Japón 1 — hambre 0.
Platillo a base de pollo frito, arroz, spaguetti y unas hierbas medio mamonas que no se que es.
Entonces ¿vale la pena comer en un konbini?
Después de probarlos durante mi viaje, la respuesta es sí, y bastante. Comer barato en Japón no significa que vas a cruzar medio mundo para vivir a puro onigiri y bento, porque el país tiene una gastronomía que merece ser explorada con calma y con hambre, pero los konbini son una pinche maravilla cuando quieres comer gastando poco, rápido y sin complicarte la existencia.
Además, terminan siendo parte de la experiencia. Porque una cosa es que alguien te diga que en Japón existen tiendas de conveniencia y otra muy distinta es entrar a una a las once de la noche, después de llevar todo el día caminando, ver un refrigerador lleno de comida y pensar: “a ver, ¿qué chingados me voy a comer hoy?” Y entre onigiris, tamago sandos, bentos y toda esa colección de cosas que uno no sabe ni cómo pronunciar, terminas descubriendo que hasta comprar una cena en una tienda puede convertirse en una experiencia cuando estás del otro lado del mundo.
Redacción: Jonathan J.N.
Además, terminan siendo parte de la experiencia. Porque una cosa es que alguien te diga que en Japón existen tiendas de conveniencia y otra muy distinta es entrar a una a las once de la noche, después de llevar todo el día caminando, ver un refrigerador lleno de comida y pensar: “a ver, ¿qué chingados me voy a comer hoy?” Y entre onigiris, tamago sandos, bentos y toda esa colección de cosas que uno no sabe ni cómo pronunciar, terminas descubriendo que hasta comprar una cena en una tienda puede convertirse en una experiencia cuando estás del otro lado del mundo.
Redacción: Jonathan J.N.
