Uruapan, Michoacán, México

Tianguis Artesanal de Uruapan: lo que los folletos turísticos no te cuentan 

Dos semanas, mil quinientos artesanos, ochenta comunidades y dieciséis ramas artesanales diferentes convergen en un mismo punto. Ese punto es Uruapan. Y ese desmadre se llama Tianguis Artesanal de Domingo de Ramos.
Porque detrás de cada pieza hay un pueblo, una técnica que se enseña desde niño y muchas veces, un chingo de esfuerzo para que eso llegue hasta una lona en el suelo. Esto no es un mercado más. Es el Tianguis Artesanal de Domingo de Ramos en Uruapan, Michoacán, el más grandes de Latinoamérica.

Antes de que fuera tianguis, ya era desmadre

Uruapan no nació ayer. Desde antes de que los españoles pusieran una sola piedra, este lugar ya era un centro de intercambio. Aquí se movía el cobre de la tierra caliente hacia Tzintzuntzan, la capital del imperio purépecha. No había billetes, no había monedas. Era trueque puro: cobre por maíz, pescado seco por algodón, sal por lo que se dejara. Uruapan siempre ha sido un cruce de caminos. Siempre ha sido tianguis.

El primer compa que escribió sobre este desmadre fue Fray Alonso de la Rea, un fraile del siglo XVI. Cuenta que el tianguis se ponía de 5 a 9 de la noche, y como no había luz eléctrica, los vendedores se alumbraban con manojos de ocote encendido. Había tantas antorchas, dice el fraile, que "todo el pueblo parecía un incendio troyano". O sea que desde hace 500 años, esto ya era un espectáculo.

Ya en los años veinte, la venta de ollas de barro y artesanías en las calles de Uruapan era una realidad. Hay fotos de entre 1915 y 1920 donde se ven los puestos a ras de suelo alrededor de la Plaza de los Mártires. Tanto así que en 1925, un enviado de la revista National Geographic describió el mercado como un lugar donde los indígenas vendían sus productos y era el punto de encuentro de la ciudad. No era el tianguis masivo de hoy, pero la semilla ya estaba plantada.

Artesanos en la calle Constitución al rededor de 1920 / Imagen tomada de FB Uruapan donde nací.


El tianguis como lo conoces ahora no nació hasta 1960. Ese año, un grupo de señores cultos de Uruapan —el "Comité Uruapense de Acción Cultural"— dijo "hay que hacer un concurso de artesanías". Llegaron 20 artesanos de cuatro pueblos: Patamban, Capula, Santa Fe de la Laguna y Cocucho. Les dieron un diploma y una feria. Nadie se imaginaba que ese domingo de ramos cualquiera se iba a convertir años después en el tianguis artesanal más grande de Latinoamérica.

Así se vive el tianguis artesanal actualmente

En cuanto llegas al Tianguis Artesanal de Uruapan te topas con una mezcla de sensaciones, la neta no sabes por donde comenzar a ver por que todo está con madre, y es que es sorprendente la variedad de objetos y de técnicas milenarias que utilizan para realizar tan bonitas obras de arte, por que no se les puede llamar de otra manera. Los artesanos son artistas verdaderos no jaladas, que ofrecen en cada pieza una extensión de su origen, de su legado. Anteriormente las personas vendían su mercancía bajo el sol y completamente en el suelo, ahora ya todo se encuentra cubierto por toldos que protegen a los artesanos de las condiciones climáticas y el acomodo es por tipo de artesanía y por comunidad.

Pasillos de una sección del tianguis artesanal con niños disfrutando de las artesanías.


Primero te llega el ruido. Gente con expresiones de asombro, niños jugando y riendo entre los puestos, artesanos ofreciendo sus piezas con una voz que no es grito, pero tampoco susurro. Luego el olor:  aroma a madera recién tallada, barro, laca, fibras, tela, dulces. Y por último lo visual: miles de colores brillantes, metales, formas de todo tipo, que todo en conjunto forman como un cuadro abstracto, pero con sentido Michoacano.

Uruapenses y turistas observando los diferentes productos del Tianguis Artesanal


Caminar entre los puestos tiene su chiste,  no hay un sentido único. La gente se mueve como puede, se detiene donde quiere, y si te quedas parado viendo una pieza, alguien te va a tocar el hombro para pasar. No es grosería, es movilidad interna.

Los precios no están escritos. Preguntas, te dicen, y si te gusta, compras. Si no, sigues caminando. No hay presión, no hay acoso. Eso es lo chingón de este tianguis: no te están jodiendo cada dos pasos.

Cajas de madera artesanales en el Tianguis de Domingo de Ramos en Uruapan, Michoacán.


Y al final, cuando te vas, no te llevas solo lo que compraste. Te llevas la sensación de haber estado en un lugar donde el tiempo pasa distinto. Donde las cosas no se compran por necesidad, sino porque conectaste con ellas.

Eso es el tianguis hoy. Un desmadre organizado, sí. Pero también un pedazo de Michoacán que late fuerte, que huele a tradición y que te recuerda por qué viajar no es solo llegar a un lugar, sino sentirlo y llevarte un pedacito de recuerdo.

Sería casi imposible mencionar cada objeto que se vende en el Tianguis Artesanal de Domingo de Ramos, pero hemos simplificado una imagen de lo que puedes encontrar, así mismo una pequeña galería con fotografías de algunas piezas, da click sobre ellas.

Ilustración de las ramas artesanales y algunas comunidades que las elaboran como referencia.


Galería de piezas del Tianguis Artesanal de Uruapan, Michoacán