Uruapan, Michoacán, México

1897, el año que Uruapan se puso a tejer su propio destino

Actualmente lleva por nombre "Centro Cultural Fábrica de San Pedro" del cual te hablaremos un poco más delante. Pero la historia de este lugar empieza a finales del siglo XIX, cuando un empresario con huevos llamado Leopoldo Hurtado Espinosa (oriundo de Purépero, Michoacán) decidió que Uruapan merecía ser algo más que un pueblo bonito entre cafetales. Su sueño: construir una fábrica textil que le compitiera a las grandes del país.

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No escogió el lugar por casualidad. La puso a orillas del río Cupatitzio,(Clic) para que este pudiera mover los telares. La construcción tardó, los problemas no faltaron, pero entre 1894 y 1897, la Fábrica de San Pedro ya estaba en pie.

Y vaya que funcionó. En sus años de gloria llegó a tener 200 telares y más de 600 husos produciendo sin parar. La especialidad: manta de cielo, una tela de algodón que terminaba en los techos falsos de las casas de medio Michoacán y hasta en el Zócalo de la CDMX.

Pero el destino es cabrón. Llegó la Revolución, el desmadre se apoderó del país, y la fábrica tuvo que cerrar sus puertas entre 1917 y 1921. No era solo falta de materia prima, también había desmadre sindical: los trabajadores, los cuales por cierto son protagonistas de una de las leyendas más aterradoras de Uruapan llamada "Los fabriqueños"(Clic) exigían mejores salarios y menos horas de chamba. pero la empresa no aguantó. Terminaron entregando las instalaciones a los propios trabajadores en forma de cooperativa. ¿El resultado? Los trabajadores tampoco supieron administrarla. Para mediados del siglo XX, la fábrica estaba más muerta que tu amor de adolescente.
simulación de trabajadores sindicalizados en protesta en la Fábrica de San Pedro en Uruapan

Simulación de los trabajadores sindicalizados de la Fábrica de San Pedro en protesta.

Llegan los Illsley: dos gringos llenos de sueños

Aquí es donde la historia se pone interesante. En 1953, dos estadounidenses medio aventureros llegaron a México por caminos separados. Walter Illsley venía de China,  Bundy Granich era hija de artistas bohemios, manejaba camiones y tenía alma de emprendedora. Se conocieron en una posada en la Ciudad de México y al año siguiente ya estaban casados.

No llegaron a Uruapan por casualidad. Un conocido les dio una carta de presentación para nada más ni nada menos que el general Lázaro Cárdenas. Cárdenas, que ya había sido presidente y seguía siendo la mera vaina en Michoacán, les ayudó a regularizar su situación migratoria y les dio permiso para arrancar proyectos comunitarios.

Edificio que se utilizaba anteriormente como bodega / Clic en la imagen para ver el video

¿Qué hicieron los Illsley? Compraron telares de segunda mano, capacitaron a jóvenes indígenas de Caltzontzin y Tanaco , y en 1956 después de que se usara hasta de cárcel municipal, se compraron la vieja Fábrica de San Pedro, que estaba a punto de desaparecer . Ahí fundaron Telares Uruapan, una empresa que combinaba el diseño moderno (colaboraron con Alexander Girard, el gurú textil de Herman Miller) con la tradición artesanal purépecha. Y ojo, que nadie te cuente que la fábrica cerró, la fábrica textil nunca ha parado.

El rugido del telar y el grito del arte en un mismo lugar

El pasado ya fue mi bandita sextoviajera y ahora en el ala derecha de la nave industrial, donde antes se almacenaba la materia prima y hasta funcionó la cárcel municipal de Uruapan, hoy hay un centro cultural bien chingón . No es un museo con letreros aburridos. Es un espacio donde el arte contemporáneo, el diseño y la gastronomía se mezclan con la arquitectura industrial de finales del siglo XIX .

El proyecto arrancó en 2017 de la mano de la Fundación Javier Marín (el escultor michoacano), la galería Terreno Baldío Arte y el Ayuntamiento de Uruapan . La idea no era hacer un espacio elitista, sino un "laboratorio de encuentro" entre lo tradicional y lo contemporáneo. Y vaya que lo lograron.
Interior del recinto del Centro Cultural Fábrica de San Pedro

Recinto de exposiciones de la Fábrica de San Pedro / Fotografía tomada de la web del Centro Cultural.

La inauguración oficial como centro cultural fue el 8 de abril de 2022 . Desde entonces, el lugar no ha parado. Ofrece:

- Exposiciones de arte contemporáneo (escultura monumental, instalaciones, arte textil)
- Talleres para todas las edades (diseño, técnicas textiles, arte)
- Residencias artísticas (creadores de todo el país vienen a trabajar aquí)
- Programa de visitas escolares (miles de chamacos han conocido la historia de su ciudad)
- Eventos culturales (conciertos, conferencias, presentaciones editoriales)

 
El edificio en sí mismo es una obra de arte. Caminas entre columnas y paredes de piedra con techos altísimos y ventanales enormes que dejan pasar la luz de una manera también artística. Al fondo, asomándose entre las naves, todavía se escucha el rumor del río Cupatitzio, el mismo que movía los telares hace más de cien años.

La Sala de Máquinas: cuando los engranes vuelven a contar su historia

Algunas piezas que se muestran en la exposición "Arqueología Industrial" / Clic en la imagen para ver el video

Actualmente, la Fábrica de San Pedro alberga una exposición bien chingona que se llama "Sala de Máquinas. Arqueología Industrial". Te metes a la planta baja de la fábrica, a donde antes los engranes rugían como bestias encerradas. El piso vibraba, el ruido era una chinga, y el olor a aceite quemado no se quitaba ni con un putazón de fabuloso. Ahora, en medio de ese silencio que pesa, está la exposición.

Suena a nombre de tesis de arquitecto frustrado, lo sé. Pero la neta, está con madre. Ahí están los fierros viejos, las poleas colgando, los telares centenarios que parecen monstruos dormidos. Todo lo que movió la pinche economía de Uruapan cuando aquí no se conocía el aguacate como religión. En esos años, la ciudad vestía a medio Michoacán con su famosa "manta de cielo" y los obreros sudaban la gota gorda pa' sacar la chamba.

Pasillo en la antigua sala de máquinas de la Fábrica de San Pedro. / Clic en la imagen para ver el video

Restauraron toda esa madre. Pusieron bonitos los fierros, acomodaron las piezas como un rompecabezas industrial, y ahora te dejan caminar entre ellas para que te imagines el desmadre de hace más de cien años. Te paras frente a un telar enorme, ves cómo las agujas todavía parecen listas para picar la tela, y dices: "chingao, cómo le sufrían estos cabrones".

La exposición va a estar ahí desde el 27 de marzo de 2026 hasta el 28 de febrero de 2027. Horario de jueves a domingo de 12 del día a 7 de la noche. Y lo mejor de todo, para que no te duela el codo: es gratis.

“La Colmena”: donde el café sabe a historia

Cafetería La Colmena, de la Fábrica de San Pedro, un lugar para tomar café entre maquinaria de más de un siglo.

Cafetería "la colmena" en la antigua sala de máquinas.

Ya caminaste entre máquinas de más de 100 años importadas de Inglaterra, ya imaginaste el ruido de los telares, ya te sentiste un obrero del siglo XIX. Ahora toca lo importante: comer algo y recargar energía.

Justo al inicio de la exposición “sala de máquinas” está La Colmena. No es cualquier cafetería de esas que te venden café aguado en vaso de unicel. Esto es otra onda. El nombre no es casualidad. El fundador de la fábrica, Leopoldo Hurtado Espinosa, tenía una tienda famosísima en el Zócalo de la CDMX que se llamaba justo así: La Colmena. Ahí vendía las telas que producía en Uruapan. La Fundación Javier Marín rescató el nombre para la cafetería. Un guiño a la historia.

Un concepto diferente que le va a encantar a tu date: mesas de madera, maquinaria de más de un siglo, luz entrando por los ventanales enormes, y el ruido del río Cupatitzio de fondo. No hay prisa. Aquí puedes pasar un rato pendejeando, viendo cómo entra y sale la gente, y pensando en la vida.
El café es de la región, de esos que te despiertan el alma. Los pasteles no son industrializados sino hechos por manos que la mayoría de los uruapenses ya reconocen, y si tienes hambre, también hay opciones saladas. Además, La Colmena tiene una tienda de diseño (Clic) donde venden piezas de artesanos locales y de Telares Uruapan. Textiles, cerámica, joyería. Nada de llaveros con aguacate de plástico y esas mamadas.